La precarización del trabajo, la pérdida de la calidad autoral y la necesidad de una reglamentación básica a nivel legislativo son retos que enfrentan los traductores literarios ante el auge e incorporación de la Inteligencia Artificial. En días recientes se supo que en Francia un sello de novela romántica (editorial Harlequin del grupo HarperCollins) decidió sustituir a los traductores humanos para que la IA se encargue del trabajo y luego pagar posedición.
Para Alejandra R. Olvera, presidenta de la Asociación Mexicana de Traductores Literarios (Ametli), es un peligro que cada vez más editoriales incorporen estos esquemas de trabajo híbridos en los que se hace un primer boceto de traducción con IA para luego emplear a una persona traductora o correctora que intervenga y deje lista la obra para su publicación. Es un peligro doble, dice, no sólo para los traductores, sino para correctores de estilo profesionales.
Señala que es un peligro real y un golpe en diferentes grados. En el gran abanico de traducción editorial, quizá es más evidente el trabajo creativo en otro tipo de libros, pero todo siempre contiene un grado de creatividad y originalidad en el mundo de la traducción editorial, dice. La IA les pega más a traductores de libros técnicos o de autoayuda, por ejemplo, porque los resultados arrojados de inicio parecen ser mejores y más tolerables: “Sé que hay editoriales, cuyas divisiones están traduciendo enteramente con IA, sobre todo estos libros de no ficción y autoayuda. La poesía hasta ahora no se ha visto tan mermada por el uso de herramientas de IA, al menos en traducción (…) La narrativa ya se empieza a ver filtrada por estos textos traducidos por IA, incluso por textos de origen generados enteramente en IA que después nos dan para traducir y los traductores pues tenemos cierto olfato y nos vamos dando cuenta que algunas veces ya nos piden traducir textos escritos originalmente con IA y eso es un golpe súper grande”, abunda.
“Ellos me dijeron, ya lo tradujimos, tú arréglalo. La forma de estructurar las frases no era legible, había párrafos que se tenían que reescribir para dar fluidez en nuestro idioma”. Foto: Fernanda Rojas / EL UNIVERSAL
Por cuestiones de protección de datos no dice nombres de las editoriales de las que le han hablado, pero sí habla de reportes de colegas que le han comentado de traducciones de textos evidentemente escritos por una IA.
María Fernanda Mendoza, abogada especializada en derechos de autor y representante en Latinoamérica del International Authors Forum, confirma esto. Sabe de muchos traductores que empezaron a manifestar que las editoriales ahora los llaman para corregir lo que hizo una IA en México y Argentina. “En Bogotá pasaba exactamente lo mismo, pero con los ilustradores. Esto significa que las editoriales están haciendo uso de estas herramientas para abaratar el trabajo”. Pasa en muchos rincones del mundo, pero la diferencia, explica, es que hay países donde los gremios autorales son más sólidos y dan batalla, mientras que otros son tierra de nadie.
Olvera retoma la palabra y especula algo sobre el escenario nacional: como los traductores no tienen ingresos tremendos, las editoriales aún no ven un beneficio económico tan sustancial en el uso de IA contra la contratación de seres humanos. No obstante, recuerda que en octubre Amazon anunció el lanzamiento de un servicio de traducción automática para autores autopublicados con el que se prometen maravillas: “Prometen que los autores autopublicados podrán llegar a una serie de mercados a los que quizá no habrían podido llegar por no tener los recursos para traducir su obra. Pero si la obra ya de por sí enfrenta dificultades y se sabe que muchos autores autopublicados no van a llegar más allá de tenerla allí, en exhibición, su obra, ¿qué beneficio real tendrá traducirla cuando no están logrando llegar ni siquiera a su público meta original, en lengua de origen”.
“En Bogotá pasaba exactamente lo mismo, pero con los ilustradores. Las editoriales usan estas herramientas (de IA) para abaratar el trabajo”. Foto: Fernanda Mendoza
También menciona que en España, Planeta creó un departamento abocado a la investigación para el trabajo con inteligencias artificiales. Esto lo saben porque en marzo el Colectivo Arte es Ética fue la cabeza de un comunicado contra la “implementación de IA generativa por parte de Grupo Planeta”, para el que convocó a diferentes actores de la cadena del libro en busca de una explicación de lo que estaba sucediendo con la creación del departamento. “Por supuesto nos queda claro que lo que sucede en España también puede llegar a suceder aquí. Yo no tengo conciencia de que haya una iniciativa similar en Planeta México, pero entendemos que, hacía el mismo grupo
En México, señala, está prohibido registrar los derechos de autor de IA, pero ha visto una serie “de figuras raras de adaptación al español, registros sospechosos de textos que estaban originalmente en otro idioma. Entonces, ahí es donde uno piensa: creo que usaron IA y están haciendo una simulación y queriendo engañar a la autoridad y al gremio editorial, a los traductores y a los lectores. Me parece de verdad muy ofensivo para un autor”.
De los grandes sellos con los que ha trabajado, menciona que los contratos de traducción especifican que los traductores no pueden entregar trabajos hechos con IA.
Para Claudia Cabrera, traductora de Robert Musil y Franz Kafka, y ganadora de la Medalla Goethe, el mayor riesgo está en que “los traductores, igual que otros creadores, perdamos nuestra calidad de autores que como traductores tenemos, aunque en los hechos no se nos respete, porque por lo menos no en cuanto a los derechos patrimoniales que implicaría que cobremos regalías, sí se nos respetan los derechos morales, que es que aparezca nuestro nombre como autores de la traducción. Es decir, la visibilidad”.
La posición personal de Olvera es que a nivel legislativo haya una reglamentación básica. Y si bien existe una comisión que busca darle marco normativo a la IA en el país, el terreno se vuelve espeso dado las complejidades del tema: “En nuestro caso, de traductores literarios, no ha habido acercamiento directo de legisladores. Eso es preocupante”.
Para Cabrera, “el problema mayor de la IA es que a largo plazo va a representar una degradación cognitiva tremenda. Eso es mucho más peligroso que la precarización”.
Fuente: El Universal






